Martes, 11 Marzo 2014 18:55

De los desafíos del editor universitario

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En el ámbito universitario, la figura del editor representa posición sui generis. Debatiéndose entre la docencia y la investigación, no resulta extraño que a un profesor le sea asignada la tarea de “editar”, casi siempre, la revista especializada de su Facultad. No es común que se busque a un “editor” siguiendo algún perfil específico. Lo anterior, solo ha dejado frustración en algunos y el aprendizaje de un oficio, a partir de la experiencia, para otros. Sin embargo, el editor universitario, en cuanto productor de contenidos, se constituye en protagonista obligado en la definición de las políticas para situar de manera eficaz los productos editoriales, pues estos representan la producción de los docentes e investigadores de la Universidad. De modo tal que el quehacer de un editor universitario responde a una formación y a una experiencia concreta, a lo que se suma una alta dosis de dedicación, conocimiento del medio y comprensión de las dinámicas propias de la Educación Superior.

Corresponde al editor universitario atender algunos temas de manera urgente. Entre estos, se encuentra el de decidir el futuro de la producción editorial, y, específicamente de las revistas especializadas, en cuanto al acceso que permitirá a estas o la decisión, sobre si la Universidad se encuentra dispuesta a considerar que su producción integre el patrimonio del libre acceso en la red y, por ende, sobre la gratuidad de sus contenidos. Lo anterior, independientemente de las ventajas en cuanto a la circulación libre del conocimiento y la apertura al diálogo académico.

Un segundo tema, es la decisión sobe el formato de los contenidos. Es decir, replantear la coexistencia de lo analógico y lo digital y pasar a definir y establecer una estructura de gestión de proyectos digitales y de generar las políticas necesarias para comprender el proceso editorial propio de estos formatos.

El tercer tema, se concentra en la sostenibilidad y viabilidad económica de la editorial, entendiendo la dinámica y la esencia de una editorial universitaria. Para ello, la definición de redes de difusión y distribución de la producción editorial resulta imperativo, así como su apertura al medio externo, a través de alianzas y acuerdos de coedición.

El cuarto tema, es definir las políticas que hacen que la editorial universitaria se posicione dentro de la organización de las instituciones, por cuanto deben independizar su misión y visión del quehacer de otras dependencias, con el fin de lograr aportar a la investigación y al quehacer académico.

Por último, el editor universitario debe preocuparse, en un espacio cada vez más abierto de circulación del saber, sobre la protección legal que se le dará a la producción intelectual, por cuanto esta no representa solo un valor inmenso, desde la creación intelectual, sino también un legítimo valor patrimonial para la Universidad que invierte en la investigación.

Los anteriores temas son, en verdad, los nuevos retos del quehacer editorial universitario y queda claro que estos se acompañan del manejo y uso de las nuevas tecnologías. El desafío mayor apunta a la participación en un mundo del conocimiento global, de la mano de herramientas sofisticadas de alta tecnología, pero siendo siempre fieles a la razón de ser de una editorial universitaria.

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